¿Se imagina usted escuchar pero no entender porque le hablan en una lengua diferente a la suya? o, ¿tener un proceso de aprendizaje distinto al de sus compañeros? Pues bien, estas situaciones, más comunes de lo normal, que alimentaban cada vez más la brecha de la educación desigual en el territorio, hoy ya tienen herramientas que atienden cada una de esas necesidades.
Hoy, la educación inclusiva llega a 123 instituciones educativas oficiales y beneficia a 1.885 estudiantes con discapacidad y 90 estudiantes con trastornos que requieren apoyos específicos, gracias al trabajo de 48 profesionales de apoyo pedagógico, 35 profesionales de apoyo sensorial y 9 expertos en capacidades y talentos excepcionales. Este equipo interdisciplinario orienta a las comunidades educativas, acompaña procesos, adapta materiales, media la comunicación y construye estrategias para que cada estudiante encuentre en la escuela un espacio de participación, respeto y crecimiento.
La mirada docente: la inclusión como acto de humanidad.
Para Johana Marcela Romero, profesional de apoyo pedagógico de la secretaría de Educación Departamental, este trabajo ha sido un viaje profundo. “Ha sido un recorrido lleno de aprendizajes y retos, pero también de grandes satisfacciones. La inclusión es un acto de humanidad y compromiso”, afirma.
Acompañar instituciones rurales en medio de distancias largas, vías difíciles o realidades marcadas por el conflicto no ha sido sencillo. Aun así, cada logro estudiantil es gasolina emocional para seguir.
“La mayor recompensa es ver cómo un estudiante que antes se sentía limitado, hoy participa con confianza y sonríe”, dice. Y cuando llega a las instituciones, ya no encuentra resistencia, sino puertas abiertas, maestros dispuestos, familias involucradas y estudiantes agradecidos.
“Antes me perdía la mitad de lo que decían”.
Hamilton Felipe Largo, estudiante con discapacidad auditiva en Candelaria, recuerda cómo era estar en clase sin apoyo comunicativo. “Antes me perdía partes de las explicaciones. Ahora, con el intérprete o el modelo lingüístico, entiendo todo”, cuenta.
Sus avances no son sólo académicos: ahora participa, pregunta, comprende conceptos complejos y se siente parte del grupo. Para él, la lengua de señas no es solo una herramienta; es un puente hacia la educación que siempre quiso recibir.
Un trabajo lleno de pasión y vocación.
Las innumerables historias en el departamento similares a las de Hamilton Felipe Largo hoy tienen una mirada benevolente y un futuro prometedor gracias al compromiso del Gobierno Departamental y a la labor que en el día a día desarrollan con profunda pasión y vocación, docentes como Johana Romero y Ómar Payan, asimismo funcionarios como Laura Calvo, Ana María Gallardo, Santiago Luna, entre otros.